domingo, 2 de octubre de 2011

Limosna


Estiraba la mano implorando una limosna…
nada tenía  a mano, para poderle dar.
- ¡Trabaja sinvergüenza! - Gritó mi acompañante
cambió la luz a verde y tuve que arrancar
al  pasar vi  el rostro humillado del pequeño:
un puchero, una lágrima, a punto de brotar.
¡Qué pena, qué dolor! - ¡Perdóname Señor…!

-o0*0o-

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